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Vacacionar en las paradisíacas islas de la Polinesia Francesa

islas de la Polinesia Francesa
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Escrito por Miguel

En las cálidas islas de la Polinesia, muchos turistas provenientes de todas partes del mundo han encontrado el mejor destino para vacacionar. Sus limpias aguas y rica flora en todos los rincones, componen un verdadero paraíso natural. 

La Polinesia Francesa es uno de los destinos más atractivos del mundo. Compuesta de islas paradisíacas, una más hermosa que la otra, ofrece a los turistas numerosas actividades para realizar.

Cubierta de palmeras y grandes plantas como cortinas verdes a lo largo y ancho, es una verdadera invitación para compartir con otros el gusto por la naturaleza, disfrutando de las blancas playas y sumergiéndose en las limpias y turquesas aguas del Pacífico Sur.

Polinesia y su mar turquesa

Algunas de las más maravillosas islas del mundo se encuentran aquí. Con un mar transparente que muchas veces se confunde con el color del cielo y grandes playas, podrás disfrutar de un paseo relajante y tropical en contacto con la naturaleza.

Un viaje Polinesia Francesa podría ser el respiro que estás necesitando para salir de la rutina. Visitas a los lugares históricos de la región o actividades emocionantes como el buceo, son algunas de las cosas que disfrutarás hacer en tus vacaciones si eliges este destino, para descansar después a las vistas de los más bellos atardeceres.

Tantas islas para elegir

Al estar compuesta por muchas islas, la Polinesia presenta un gran abanico de posibilidades a la hora de elegir un destino en particular, u organizar un largo itinerario de viajes. 

Una de las posibilidades es Bora Bora, con una preciosa laguna que convoca a los visitantes a relajarse en el agua cálida. Aún siendo pequeña, esta isla es una de las más elegidas. 

En ella todavía se conservan espacios y monumentos antiguos, y lugares sagrados ancestrales como los maraes, tipos de templos vinculados a la cultura maorí y destinados a la práctica de reuniones sociales y religiosas. También es posible aventurarse al buceo y conectar con las bellas criaturas marinas que conviven bajo el agua

Las Islas Marquesas, por otro lado, constituyen un gran archipiélago de doce islas, de las cuales sólo seis se encuentran habitadas, lo cual aporta a la conservación natural y salvaje de su fauna y flora. 

En ellas también se encuentran restos de edificios y elementos pertenecientes a las sociedades ancestrales de la Polinesia, que representan hoy en día grandes piezas arqueológicas. A ellos sólo es posible llegar a pie, ya que por estar sólo algunas islas habitadas, las Marquesas no tienen carreteras ni están alteradas por técnicas modernas de transporte. 

Se dice que éstas islas fueron la inspiración de Herman Melville para escribir “Moby Dick”, al igual que R.L. Stevenson, que se basó en ellas al crear “La Isla del tesoro”; dos de las piezas más reconocidas en la historia de la literatura. 

Moorea es la isla elegida por muchas parejas para celebrar mágicos momentos y hasta bodas, basándose en las tradiciones de la cultura Tiki. En ella está el Lagoonarium, un acuario natural y preservado en el que los turistas pueden sumergirse y estar en contacto con todo tipo de criaturas marinas, como tortugas y peces exóticos. Además, está el Belvedere, un mirador que permite avistar de forma panorámica los imponentes paisajes, como las bahías de Oponohu y Cook. 

Tuamotu fue también un punto de inspiración para artistas, como el pintor Henri Matisse, cuyos cuadros son celebrados en todo el mundo. Tuamotu está compuesto de 77 atolones, es decir, conjuntos de varias islas más pequeñas. En ellas el cultivo de perlas negras o “perlas de Tahití” es algo usual, siendo unas de las joyas más codiciadas por lo arduo de este trabajo.

En las hermosas aguas de estas islas también es posible practicar el submarinismo, pudiendo disfrutar de los corales en la Reserva de la Biosfera de Fakarava, uno de los atolones. 

Por todo esto, la Polinesia Francesa de un verdadero tesoro natural y un destino que, definitivamente, vale la pena visitar. 

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